La palabra “literalmente” se está usando, literalmente, para todo

Origen: Verne / El Pais

Hay gente que solo acepta el significado literal de “literalmente” y que no soporta que uno diga cosas como: “Estoy literalmente muerto de cansancio” o “con este atasco vamos a llegar literalmente la semana que viene”.

En estos ejemplos, “literalmente” no quiere decir, como apunta el diccionario, “conforme a la letra del texto, o al sentido exacto y propio, y no lato ni figurado, de las palabras empleadas en él”. De hecho, es casi lo contrario: se utiliza para añadir énfasis a una frase cuyo sentido es figurado.

literalmente

El debate sobre esta palabra, que no es nuevo, ha vuelto después de un compartidísimo tuit en contra de este uso (y de su abuso por parte de los medios), que ha provocado centenares de respuestas.

Sin embargo, la RAE lleva ya un tiempo contestando en Twitter a dudas al respecto y la institución considera que no está mal usar el término “con valor ponderativo, para enfatizar o realzar que un hecho o cualidad es como se expresa”. Lo dice en respuesta a dudas sobre expresiones como “me moría literalmente de la risa” o “el atleta literalmente volaba sobre la pista”.

Es decir, el uso de “literalmente” (y “literal”) para enfatizar es literalmente correcto.

Pero, a su vez, que este uso sea correcto no significa que sea siempre recomendable. Judith González Ferrán, lingüista de Fundéu, explica que el sentido enfático de “literalmente” a menudo no es adecuado y puede llevar a confusión. Sobre todo cuando no se trata de “un uso creativo consciente, sino de una coletilla que se añade sin pensar y por pereza”. Si leemos, por ejemplo, que “un estadio explota literalmente” durante un concierto podemos dudar en un primer momento de si se trata de un accidente o de un exitazo.

La extensión reciente de esta expresión puede proceder “de la lengua oral, cuando nos paramos menos a pensar en lo que decimos”, apunta la lingüista. Decir “literalmente” para enfatizar cosas literales (“fui a esquiar por primera vez, me caí y me rompí literalmente las piernas”) puede haber contribuido a que lo usemos para dar énfasis en frases no literales (“fui a esquiar por primera vez, me caí y literalmente me maté”). En muchos casos, recuerda, puede haber alternativas mejores.

La influencia del inglés

La opinión de González Ferrán es similar a la que da el científico cognitivo y lingüista Steven Pinker en El sentido del estilo: aunque el uso figurado de “literalmente” sea una hipérbole común y se suela entender en su contexto, puede molestar a los lectores, al dar la impresión de que no nos hemos parado a pensar en lo que queríamos escribir.

Pinker escribía sobre esta palabra porque en inglés también se ha extendido este uso de literally, hasta el punto de que el diccionario Merriam-Webster cambió el significado de la palabra para añadir el sentido figurado en 2013. De hecho, González Ferrán, de Fundéu, no descarta que la cultura anglosajona, una vez más, haya influido en contribuir a la moda de “literalmente” en español.

Los editores del diccionario inglés explicaban que solo recogían un uso que tiene antecedentes por escrito desde 1769. Y citaban algunos ejemplos, como “ardía literalmente con ingenio”, escrito en 1847 por William Makepeace Thackeray (autor de La feria de las vanidades). Es decir, “el empleo figurado de literalmente puede ser molesto, pero no es nada nuevo”.

En español y recurriendo al corpus del Diccionario Histórico de la RAE también resulta fácil encontrar usos figurados de “literalmente” (aunque evidentemente creativos). Por ejemplo, Juan Goytisolo escribía en Señas de identidad (1966): “Se sentía mecido y arrullado, penetrado y poseído, literalmente envuelto en la voz persuasiva del Doctor”. Y Emilia Pardo Bazán, en Los pazos de Ulloa (1886): “Don Eugenio, el abad de Naya, se abría literalmente de risa”.

Las mujeres llevan siglos liderando el cambio lingüístico

Las “líderes lingüísticas” están en contacto con personas de diferentes clases sociales y generaciones

Los jóvenes son los más receptivos a las formas nuevas del lenguaje. Experimentan y se apartan de la lengua estándar. No todas las innovaciones cuajan: algunas son modas pasajeras o no pasan de ciertos entornos, mientras que otras llegan a los manuales de gramática y a los diccionarios.

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Resulta imposible predecir qué modas lingüísticas acabarán consolidándose, pero si uno quisiera apostar, podría fijarse en los cambios que prefieren los líderes lingüísticos de cada grupo social. Que suelen ser mujeres.

Se trata de un hallazgo generalizado en sociolingüística, ya desde los estudios de William Labov, que en 1990 publicó un estudio en el que mostraba que las mujeres lideran el 90% del cambio lingüístico. El dato, que tiene antecedentes en estudios de dialectología de mediados del siglo pasado, lo recoge Gretchen McCulloch en su libro Because Internet, donde añade que es algo tan sabido entre los lingüistas que estudian este tema que les resulta “prácticamente aburrido” a los especialistas. Esta tendencia se ha ido confirmando en otros idiomas, periodos y regiones.

McCulloch cita otro estudio: Terttu Nevalainen y Helena Raumolin-Brunberg, de la Universidad de Helsinki, examinaron en 1993 unas 6.000 cartas personales escritas en inglés entre 1417 y 1681, y hallaron que las mujeres introducían cambios en su forma de escribir antes que los hombres, como sustituir el “ye” por el actual “you”. En inglés y en la actualidad, por ejemplo, ocurre con la entonación de las frases que termina al alza, un cambio introducido por mujeres.

También ocurre en español. Isabel Molina Martos, catedrática de la Universidad de Alcalá, apunta a Verne un ejemplo: la introducción de “¿sabes?” al final de algunas frases como una moda reciente introducida primero por mujeres. La lingüista, que publicó un estudio dedicado a este apéndice interrogativo, explica que este “¿sabes?” era más frecuente al principio en las mujeres, hasta que los hombres pasaron también a usarlo, ¿sabes?

Según escribe la lingüista Pilar García Mouton en un artículo publicado en la web del CSIC, las mujeres que actúan como “líderes lingüísticas” suelen ser “de clase media, no necesariamente jóvenes”. Se caracterizan por estar en contacto con personas de diferentes clases sociales y generaciones, lo que las ayuda a convertirse en “excepcionales agentes de difusión del cambio”. No se trata tanto de que inventen nuevos giros (que también), sino que identifican mejor hacia dónde se dirige el cambio lingüístico.

Más respetuosas con la norma

Aunque suene paradójico, otro de los hallazgos habituales en lengua es que las mujeres siguen más la norma lingüística que los hombres. Hablan y escriben con mayor corrección.

Entonces, ¿por qué incorporan innovaciones que se alejan de lo que suelen recomendar profesores y académicos? Como explica Molina Martos, “las mujeres se ajustan más a las formas que tienen prestigio en su comunidad de habla: a veces coinciden con la norma y otras veces no”.

En este sentido, Molina Martos pone el ejemplo del laísmo, “que no es normativo y es más frecuente en mujeres que en hombres (aunque estos también lo van incorporando)”. Hay que tener en cuenta que “todos los cambios lingüísticos en sus inicios no se corresponden con formas normativas pero pueden acabar aceptándose, como ha sucedido con el leísmo de persona, que hoy día está aceptado por la RAE, pero inicialmente no se aceptaba”.

De un modo parecido, las mujeres no suelen liderar cambios relacionados con la fonética, como podría ser la elisión de la de intervocálica (comprao por comprado). Estos cambios no suelen considerarse prestigiosos, ya que acostumbran a interpretarse como un rasgo de habla descuidada.

¿Por qué las mujeres?

Otra dificultad para los lingüistas es saber por qué las mujeres lideran estos cambios lingüísticos. Se han presentado varias explicaciones: por ejemplo, se ha propuesto que ellas podrían prestar más atención al lenguaje para compensar el desequilibrio aún existente en poder social y económico. El uso de la lengua sería una forma de indicar estatus.

También se ha apuntado el hecho de que las mujeres aún siguen mayoritariamente a cargo de los hijos, no solo en el hogar, sino a menudo en la escuela. Esto explicaría que las mujeres lideren el cambio y que los hombres sigan una generación más tarde. Como escribe McCulloch, “las mujeres aprenden la lengua de sus iguales, los hombres de sus madres”.

No es una idea nueva: en un artículo publicado en la web del CSICla lingüista Pilar García Mouton cita el Tesoro de la Lengua Castellana o Española, de Santiago Covarrubias. Publicado en 1611, el texto ya recoge “este protagonismo femenino en la enseñanza de la lengua y de sus usos sociales”, con ejemplos de palabras que las madres enseñan a sus hijos. Mouton señala además la importancia que cada vez tienen más los abuelos en el cuidado de los niños y cómo las abuelas adoptan expresiones de sus nietos al interactuar con ellos, en un proceso de retroalimentación y refuerzo.

Es probable que se trate de una mezcla de varios factores. Molina Martos recuerda que “hay mucha discusión acerca de las causas”. Tampoco podemos saber si se mantendrá en el futuro: “Las jóvenes actuales hablan de manera distinta -dice Molina Martos-. Estamos ante el cambio generacional más grande en la historia de las mujeres”. La forma de interpretar la norma y sus cambios puede ser muy diferente a como era hasta ahora.

Fuente: Verne El País

Autor: JAIME RUBIO HANCOCK 

The true meaning of leaving no one behind [The Lancet]

Sometimes it is important to go back to basics. For human interaction, one of the basics is language, the system of communication that, when applied at its best, allows us to understand each other, share, cooperate, and pull each other towards a better place. When on a collective journey towards a common objective such as the Sustainable Development Goals, with a rallying cry of “leaving no one behind” and a central aim of “reaching the furthest behind first”, this system of communication is fundamental to move beyond just the rhetorical: to be truly reached, the furthest one behind will need to understand what she is being told, and most likely, that exchange will have to be done in her own language. That principle should apply to all aspects of development, including global health.
With roughly 7000 living languages in the world, miscommunication is inevitable, but there are times and places when particular care should be taken to ensure that the message is clear and fully understood. Take the highly volatile situation of Ebola in eastern Democratic Republic of the Congo (DRC) for instance. Since the outbreak was declared in August 2018, there have been over 1000 confirmed and probable cases in North Kivu and Ituri provinces. Because the trauma of conflict has compounded the impact of the outbreak on the population, community engagement and ownership of the response are particularly important in the DRC. Last month, Translators without Borders released the results of a rapid studyevaluating the effectiveness of risk communication materials on Ebola used in North Kivu. The results are striking: they show that materials used for the response—posters, brochures, and consent forms for the Ebola vaccine, some in French, some in standard or local Congolese Swahili—are not fully understood. Basic vocabulary in French related to Ebola was not recognised in focus groups and half of the participants misinterpreted a poster inviting the sick to present to the nearest health centre as the complete opposite, that they would not be welcome there. Consent forms used for the Ebola vaccine were also generally misunderstood, as they contained words in standard Swahili, French, and English that were not known to the participants, raising further ethical issues. This study presents the epitome of where and when the basics of language should be better applied to reach “the furthest behind” in global health.
Global health research in general should concern itself with language. As in most scientific fields, English is established as the dominant tongue. Some will rightfully argue that researchers need a lingua franca, a common language in which to communicate, but English is not strictly that: for some (indeed, a minority) it is their mother tongue, but for the rest it is a second language, one that can be mastered at varying levels of fluency, or not mastered at all. That clearly implies that when it comes to the handiwork of research—the searching for funds, the publishing, the reading, the presenting—not everyone is on the same plane, and some are left behind. A Comment published this week presents the reflections and ideas of a group of francophone researchers during a workshop at the Africa Health Agenda International Conference (AHAIC) in Kigali, Rwanda, last month on this very issue. Our readers will appreciate that we could not in good conscience publish this Comment in any language other than French, and will, we hope, take the extra step of accessing the English translation in the supplementary material if needed. The main message is that linguistic isolation and the barriers it creates are real and deeply ingrained, but also that there is a way forward. The solutions will require more consideration of the needs of different linguistic groups, the creation of support networks, and more linguistic collaboration in general. One initiative that fits neatly within these criteria is the Science and Language Mobility Scheme Africa, led by the African Academy of Sciences in partnership with the Wellcome Trust and Institut Pasteur. This brand-new programme funds research done by anglophone, francophone, and maybe soon lusophone researchers in language regions other than their own, in order to strengthen scientific collaboration while building language skills and improving cultural understanding between researchers from different linguistic backgrounds.
Such efforts are to be applauded. Leaving no one behind will require more than glancing back from a position of linguistic power and hoping everyone follows. It will require everyone, journals included, to reach out to the other and find concrete solutions to this most basic dilemma.
Source: Article Info The Lancet

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DOI: https://doi.org/10.1016/S2214-109X(19)30176-7

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Lengua y economía

Desde una perspectiva económica, la lengua es un componente básico del capital humano y social de una co­munidad. La especialidad de la eco­nomía de la lengua caracteriza a las lenguas como bienes de club, con las siguientes características: no tienen coste de producción, no se agotan con su uso, tienen un coste único de acceso, su valor se incremen­ta con el número de usuarios y no son bienes apropiables.

Además, los economistas han distinguido varias funciones económicas de la lengua. Así, la lengua misma constituye un mercado, referido a la enseñanza del idioma y las actividades mercantiles asociadas a ella. La importancia de este mercado dependerá de factores como la utilidad comunicativa de la lengua en cuestión (número de ha­blantes), la influencia económica y política de la comunidad lingüística, o su capacidad creativa y ascenden­cia intelectual. Es, igualmente, la materia prima esencial de un conjun­to de industrias, como las culturales –y, de modo muy específico, la edi­torial–, cuya existencia misma gira en torno de la lengua.

Productos relacionados con el uso de la lengua

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Fuente: “Atlas de la lengua española en el mundo”, de Francisco Moreno Fernández, disponible online en: Fundación Telefónica España/Publicaciones

¿”constitución” con C o con c? Mayúsculas y minúsculas.

En expresiones como la Constitución española o la Constitución argentina, lo adecuado es escribir la palabra constitución con inicial mayúscula y los especificadores (españolaargentina…) con minúscula.

En los medios es habitual encontrar diversas formas de escribir esas expresiones: «El ministro ha abogado por reformar la Constitución Española», «Gran parte de las Constituciones chilenas tienen como principio básico la definición de un Estado unitario» o «El proyecto es dotar al país de una nueva Constitución».

La Ortografía de la lengua española señala que las constituciones suelen citarse de forma abreviada, utilizando el sustantivo genérico constitución escrito con mayúscula inicial: la Constitución.

Esa mayúscula, añade, no debe afectar a los especificadores que la acompañen: los padres de la Constituciónla Constitución argentinala Constitución española

Tampoco es apropiado extender la mayúscula a los usos plurales o genéricos, como señala también el Diccionario académicolas primeras constituciones bolivianaslas constituciones democráticasuna nueva constitución

Por esto, en los casos anteriores lo adecuado habría sido escribir «El ministro ha abogado por reformar la Constitución española», «Gran parte de las constituciones chilenas tienen como principio básico la definición de un Estado unitario» y «El proyecto es dotar al país de una nueva constitución».

En el caso de las alternativas carta magnaley fundamental y código fundamental, lo adecuado es, como señala la Academia, escribirlas siempre en minúsculas, pues se entiende que se trata de expresiones meramente referenciales y genéricas: «La ley fundamental boliviana», «La carta magna aprobada tras la muerte del dictador», «El código fundamental peruano»…

Fuente: Fundeu

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Words in the news: judge

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Written by Liz Potter

 

News that a pay review body has recommended pay rises of up to 32% for judges, taking the salary of the most senior from over £180,000 p.a. to over £240,000, has aroused comment in the UK media. Such huge rises for a small group that is already very well paid stand in stark contrast with the situation of other public sector workers such as teachers, doctors and nurses, whose pay has been capped at low levels for many years. The suggested rises, designed to end a recruitment crisis which has seen top barristers preferring to remain in their very well remunerated positions rather than moving to the bench, may not be approved in full. In the meantime, the story gives us the opportunity to look at the interesting noun judge.

judge is, of course, the person whose job is to make decisions in a court of law. While the role of judges varies in different judicial systems, in all of them a judge is a person who decides, whether about the meaning of the law or about the outcome of a particular case. The second meaning of judge in Macmillan Dictionary also refers to decision-making, in this case deciding who wins a competition. More broadly, a judge is anyone who decides what the correct thing to do is when there is a disagreement: the example given for this sense refers to a referee being the sole judge of the rules that apply to a sport or game.

If we say that someone is a good or a bad judge of something or no judge of something, we are talking about whether their opinions are generally valid or not; so if someone is a good judge of character, they are usually right about what a person is really like. If we say that someone should be the judge of something, we mean that they should rely on their own opinions rather than accepting those of others. If you tell someone that you will be the judge of something, you are telling them in no uncertain terms that you do not want or need their advice.

The first, judicial meaning of the word, meanwhile, is referenced in the expression judge and jury: if you ask who made someone judge and jury in a matter of importance, you are saying that they have too much power and that it would be better if that power was shared.

Judge came into English from the Old French ‘juge’, which came from the Latin word for a judge, ‘judex’. There is no space in this post to look at the related verb judge, but you can find all its meanings and its many grammatical patterns here.

Origin: MacMillan Dictionary

La lectura como símbolo de esperanza, una experiencia en Colombia

Fuente del artículo (en español, original): TLAXCALA
English translation available in: TLAXCALA

 

El hombre que llena bibliotecas con libros salvados de la basura

José Alberto Gutiérrez ha nutrido más de 450 lugares con libros recatados de los desechos.

 

“El día que llene a Colombia de libros, me sentiré como Ulises cuando rescató a Penélope y salvo a Ítaca de la guerra”, exclama con aires de estoicismo, José Alberto Gutiérrez, un hombre de 55 años que desde hace dos décadas se ha encargado de nutrir -con textos rescatados de la basura- más de 450 bibliotecas, escuelas y centros de lectura alrededor de Colombia.

La historia del ‘Señor de los Libros’, como es conocido por sus vecinos en el barrio La Nueva Gloria, un sector popular construido sobre las montañas surorientales de Bogotá, comenzó con los cuentos infantiles que le leía a diario su mamá para sopesar las penurias económicas que en aquel momento los afectaban.

“Esos cuentos me embellecieron el mundo”, afirma José, mientras levanta sus brazos para buscar, en una atestada columna de libros, una copia de La pobre Viejecita, un relato infantil escrito hace más de dos siglos por  Rafael Pombo.

A lo largo de dos décadas, los textos que ha recogido de la basura bogotana el ‘Señor de los Libros’, han servido para que más de 22 mil colombianos de diferentes zonas del país, principalmente rurales, comenzaran a imaginar su entorno de una forma diferente.

Adentrarse a su casa es sumergirse en un laberinto de miles de libros arrumados a lo largo de aproximadamente quince metros cuadrados. Una edición de Ana Karenina, de Leon Tostoy, publicada en 1967, irrumpe en nuestro paso: “Ese fue el primer libro que me encontré en la basura, hace ya 21 años”, advierte.

El ejemplar comparte espacio, en el mismo tumulto de libros, con clásicos de la literatura como Lo Que el Viento Se Llevó, de Margaret Mitchell, una edición en inglés de El principito, de Antoine de Saint-Exupéry, una copia de Siddhartha, de Hermann Hesse y una colección de obras de Miguel de Cervantes Saavedra.

Los libros comenzaron a llegar de forma intempestiva a finales del 1997. José había empezado su trabajo como conductor en la antigua empresa de Limpieza Metropolitana de Bogotá (Lime) y fue en esa ruta por el occidente de la ciudad, la que transitaba todas las noches, donde el brillo de los libros depositados en la basura nubló su vista.

Desde aquel momento, han sido más de cincuenta mil los ejemplares de ciencia, literatura, emprendimiento, medicina, entre otros, los que el ‘Señor de los Libros’ ha recuperado de los desechos y posteriormente repartido a un centenar de centros comunitarios y escuelas rurales alrededor del país. Territorios que, debido a las dificultades, no pensaron que su sueño de tener algún día una biblioteca, pudiera ser posible.

Jose Alberto Gutiérrez
José ha dedicado su vida a recuperar los libros que han sido desechados en la basura con el propósito de que estos sean reutilizados en centros de lectura
Foto: César Melgarejo

 

“A dónde voy siempre hay alguien necesitando un relato, un cuento… La lectura crea mundos maravillos”, afirma José mientras camina por un estrecho pasillo atestado de libros.

Posteriormente, selecciona un ejemplar de la Odisea, de Homero, y prosigue:
“Cuando a mis trece años leí por primera vez esta novela, sentí que yo también podía convertirme en un héroe. Este texto me ayudó a cambiar mi vida y a creer que podía seguir adelante a pesar de tantas dificultades”.

La Fuerza de las Palabras

 

La primera biblioteca en la casa de los Gutiérrez se levantó con rústicos estantes de madera, carteles educativos y un dibujo del Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, pegado sobre una de las paredes pintadas en tonos pastel.

En aquel momento, Luz Mary Gutiérrez, esposa de José, dejó las máquinas de coser de su taller de modistería para volverse bibliotecaria, y en compañía de su hijos, ayudar a coordinar el espacio que funcionó durante 16 años como centro de aprendizaje para cientos de niños del sur de Bogotá, una zona vulnerable de la ciudad.

“La mejor herencia que le podemos dejar a un niño siempre será la educación”, asegura José, y agrega que gracias a la fundación, todos los 70 compañeros de colegio de su hija, que asistían diariamente a La Fuerza de las Palabras, asistieron a la universidad.

El dato es sorpresivo si se entiende que según cifras del Ministerio de Educación Nacional, cada año, solo cuatro de cada diez jóvenes que culminan sus estudios secundarios en Colombia, logra acceder a la universidad. El porcentaje se reduce aún más en territorios afectados por diferentes problemáticas sociales como el barrio La Nueva Gloria.

José interrumpe la conversación para entregar a Dilan, un chico de diez años que arriba desde hace varias semanas a la casa en compañía de sus amigos buscando libros gratuitos, varias colecciones de cuentos infantiles.

“Leer es genial. A mi me fascina este lugar porque puedo encontrar libros sobre todos los temas. Siempre que tengo una tarea de la escuela procuro venir para buscar textos que leer. Me ayudan mucho”, confiesa Dilan con una sonrisa tímida en su rostro. A la semana siguiente espera volver por más ejemplares y con más amigos.

José Alberto Gutiérrez en su camioneta
A finales del 2017 la fundación mandó por avión cinco cajas repletas de libros a la comunidad indígena Huitotacueimaní, ubicada en el municipio La Chorrera, en Caquetá.
Foto: César Melgarejo

 

Desde el 2008, La Fuerza de las Palabras, como denominó la familia Gutiérrez a la fundación, se convirtió en el lugar de encuentro de al menos setenta niños y adolescentes que iban a diario en búsqueda de libros de literatura, ciencia o medicina para resolver sus tareas escolares.Voluntarios de diferentes ciudades de Colombia y países como Francia, Dinamarca, Corea e Inglaterra, también arribaron a la casa de José con el propósito de colaborar en la realización de talleres redacción, clubes de lectura crítica, entre otros.

Hace dos años, debido a que los libros se apoderaron de los pasillos y del espacio para mesas, sillas y estantes, los Gutiérrez decidieron cerrar su pequeña biblioteca para inundar con textos otros centros de lectura alrededor del país.

El método de operación de La Fuerza de las Palabras es el siguiente: primero, la fundación recibe una llamada de alguien, en cualquier lugar del país, que está en búsqueda de donar libros o de que se los regalen. Luego, si los textos van para una biblioteca o escuela, los Gutiérrez realizan la selección de los ejemplares infantiles, científicos o literarios que serán de mayor provecho para los destinatarios finales. Posteriormente, dependiendo de la distancia, la organización transporta los textos en su vehículo hasta el lugar de destino o busca de forma impetuosa la manera de patrocinar el envío. Así han llegado a más de 450 territorios en el país.

A finales del 2017, la fundación mandó por avión cinco cajas repletas de libros a la comunidad indígena Huitotacueimaní, ubicada en el municipio La Chorrera, una zona selvática y ribereña en el departamento del Caquetá, sur de Colombia. Días después, uno de los líderes de ese territorio le respondió con un video en el que asegura que todos los pueblos indígenas de esa región esperan al ‘Señor de los libros’ con los brazos abiertos y muchos más textos.

En diez años, sin ningún apoyo del Gobierno colombiano, La Fuerza de Palabras envió ocho toneladas de textos a una fundación en el puerto de Buenaventura, transportó casi la misma cantidad de ejemplares a los alejados territorios de Riosucio en el departamento del Chocó  y al municipio de La Macarena, en el Meta. También arribó con costales cargados de relatos a varios sectores rurales de los departamentos del Huila, Cundinamarca y Boyacá.Gracias a su trabajo, José ha sido invitado a participar dos veces en la Feria del Libro de Guadalajara, en México, y en mayo pasado asistió a un congreso de bibliotecarios en Austria.

señor de los libros
El ‘Señor de los libros’ también hizo llegar hasta la zona de tránsito a la vida civil de un grupo de excombatientes de las Farc, decenas de ejemplares de nobeles de literatura.
Foto: César Melgarejo

La lectura como símbolo de esperanza

 

“La lectura es el símbolo de la paz y de la esperanza en nuestro país. Si a mí un libro me cambió la vida, imagínese el impacto de un texto en uno de esos lugares que ha sido víctima del conflicto armado y del olvido del Estado”, señala José.

El año pasado, un grupo de excombatientes de las Farc, recibieron de parte del Señor de los Libros, en su zona de tránsito a la vida civil ubicada en la población de Icononzo, en el oriente del departamento Tolima, decenas de ejemplares de nobeles de literatura como el colombiano Gabriel García Márquez, o el peruano Mario Vargas Llosa.

De acuerdo con José, la respuesta del grupo no pudo ser más positiva por su llegada: “Me dijeron que labores como esta son con las que verdaderamente se construye la paz de Colombia”, afirma.

Como esa, ya han sido varias las zonas de tránsito a la vida civil en el país las que le han solicitado a La Fuerza de las Palabras que vaya a sus regiones a inundar los espacios con libros. Sin embargo, la falta de apoyo y los problemas logísticos para llegar a estos territorios, lo han impedido.

El sueño de una biblioteca museo

Después de dos décadas de trabajo, en febrero pasado, José fue despedido de la empresa Aguas de Bogotá, a la que dedicó la mitad de su vida y gracias a la cual se convirtió en el surtidor de libros de Colombia. Sin embargo, asegura, el universo ha seguido conspirando a favor del proyecto.

A mediados del año pasado, una empresa colombiana le donó un lote a unas pocas cuadras de su casa, con el fin de que allí se construya la biblioteca museo con la que desde hace tanto tiempo han soñado los Gutiérrez.

Desde aquel momento, profesionales de la Universidad Piloto de Bogotá le han ayudado al ‘Señor de los libros’ en la elaboración de los diseños de la edificación, la cual contaría en su sótano con un taller de reciclaje, en el primer piso con un banco de libros, y en el segundo nivel, con un museo biblioteca.

“La Fuerza de las Palabras se convirtió en mi proyecto de vida y el de mi familia. Años son los que nos faltan”, afirma José, mientras otra tímida sonrisa se escapa de su rostro.

Según los cálculos de la fundación, para la construcción de la biblioteca museo serán necesarios 295 mil dólares (800 millones de pesos), dineros que la familia no posee y que espera conseguir pronto.

José ALberto Gutierrez
En su camioneta, ‘El Señor de los Libros’ ha transportado toneladas de textos a diferentes partes del país.
Foto: Césa

Ideas como esta ayudan combatir los bajos niveles de lectura en el país, en comparación con otros países de latinoamérica. De acuerdo con el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), en el último año, los colombianos de cinco años o más (lectores y no lectores) tan solo leyeron 2,9 libros en promedio. En países como Chile o Argentina, el conglomerado es superior a cinco textos por año.

“El mundo necesita de más acciones como esta, porque en un territorio donde no hay acceso a muchas cosas, un libro se convierte en el símbolo de la esperanza”, dice José Alberto, mientras caminamos hacia la puerta y me invita a llevarme algunos de los miles de libros que reposan en su casa. Luego agrega:

-Oiga, si los humanos nos tratáramos como en muchos de los libros que me he leído, a este planeta solo lo regiría el amor.

*Si desea apoyar a Jose Alberto, puede llamarlo al número telefónico: 313 286 73 52, o  escribirle al correo: fundador@lafuerzadelaspalabras.com

presentar una licitación y licitar

Fuente: Fundeu.es

El verbo licitar es válido tanto con el significado de ‘participar en una subasta o concurso públicos’ como con el de convocarlos.

En los medios es habitual encontrar frases como «La Xunta propone licitar el puente de Paradai», «El Gobierno de Río Negro licitará diez áreas petroleras» o «El Ayuntamiento de Santa Eulària no sabe aún si licitará la nueva concesión del servicio de agua ni en qué condiciones se hará».

El ‘sistema por el que se adjudica la realización de una obra o un servicio, generalmente de carácter público, a la persona o empresa que ofrece las mejores condiciones’ se llama en español licitación; de quien se presenta a este tipo de concursos se dice que licita, y de la autoridad que hace la convocatoria, que saca a concurso (público), que saca a licitación o, también, que licita la obra o el servicio de que se trate.

Este último empleo de licitar se halla tan asentado que ya se incluye en la vigesimotercera edición del Diccionario de la lengua española, por lo que su uso en los ejemplos anteriores es completamente apropiado.

Esto no quita para que pueda seguir optándose por las otras alternativas como recurso estilístico, de modo que en el primero de los ejemplos iniciales se podría mantener licitar y en los dos últimos optar por «El Gobierno de Río Negro sacará a concurso diez áreas petroleras» y «El Ayuntamiento de Santa Eulària no sabe aún si sacará a licitación la nueva concesión del servicio de agua ni en qué condiciones se hará».

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Origen: https://www.fundeu.es/recomendacion/licitar-uso-apropiado-1314/

 

¿Se entiende bien el Quijote? | Verne EL PAÍS

En ocasión del aniversario del libro Don Quijote de la Mancha, en la revista Verne de España han publicado una nota interactiva con modernos recursos, acerca de la la incidencia y utilización del vocabulario en el libro.

Ya sabemos que Don Quijote hablaba y actuaba de una forma bastante delirante y divertida, pero no solo considerado desde el punto de vista acutal, si no también ante los ojos de sus compañeros personajes en el libro, e incluso también para los lectores de la época.

He aquí el link a la nota correspondiente, con interesantes citas y recursos para recrear el maravilloso libro:

Origen: Vídeo: Día del libro 2018: ¿Se entiende bien el Quijote? | Verne EL PAÍS

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Día del idioma español

Cada 23 de abril se celebra el «Día de la lengua española» en las Naciones Unidas para concienciar al personal de la Organización, y al mundo en general, acerca de la historia, la cultura y el uso del español como idioma oficial.

En 2010, la Organización decidió celebrar su diversidad cultural y multilingüismo a través del establecimiento de los «Días de las lenguas» para sus seis idiomas oficiales. Las fechas se eligieron por su simbolismo o importancia histórica para cada uno de los idiomas.

20 de marzo – Día de la lengua francesa, coincidiendo con el Día Internacional de la Francofonía.

20 de abril – Día de la lengua china, dedicado a Tsan Chieh, creador de la escritura china.

23 de abril – Día de la lengua inglesa, que coincide con el aniversario de la muerte de William Shakespeare, el más célebre dramaturgo y poeta de la literatura inglesa.

23 de abril – Día del idioma español, fecha en que se conmemora la muerte del gran genio de las letras españolas, Miguel de Cervantes Saavedra.

6 de junio – Día de la lengua rusa, en el aniversario del nacimiento de Alexander Pushkin, fundador de la literatura rusa moderna.

18 de diciembre – Día de la lengua árabe, que conmemora la aprobación en 1973 del árabe como idioma oficial y de trabajo de la Asamblea General y sus Comisiones Principales.

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