El capricho de la Ciencia Ficción y su word order

“Una de las grandes sorpresas que se lleva el principiante en sus primeras clases de inglés es comprobar cómo los anglohablantes ordenan las palabras de forma inversa a como lo hacemos en español. Llaman, por ejemplo, tap water al agua del grifo, y water tap al grifo del agua; exactamente al revés de como hacemos nosotros. El orden inglés invertido entró en español inicialmente, hará cosa de un siglo, en el nombre de entidades ligadas a deportes venidos de Inglaterra; tal es el caso del Fútbol Club Barcelona (cuando en español lo lógico hubiera sido «Club de Fútbol» en lugar de *Fútbol Club*), el Real Madrid Club de Fútbol (cuando en español lo lógico hubiera sido «Real Club de Fútbol de Madrid») y el Real Automóvil Club de España (cuando en español lo lógico hubiera sido «Real Club Automovilístico de España»). En la actualidad, no obstante, lo vemos ya en todos los ámbitos: Halcón Viajes, NH Hoteles, Tusquets Editores, Costa Cruceros, Aspirina comprimidos, etcétera.

La moda del orden sintáctico angloide ha llegado al punto de que en algunos casos es ya imposible intentar siquiera volver al orden lógico en español. En el campo de la terminología bioquímica, por ejemplo, ¿se atrevería alguien a seguir en español el orden sintáctico natural para los nombres de enzimas? Esto es, ¿osaría alguien llamar en nuestro idioma «deshidrogenasa del 6-fosfato de glucosa» a lo que todos los científicos de habla hispana llaman «glucosa-6-fosfato-deshidrogenasa», calcando el orden sintáctico del inglés glucose-6-phosphate dehydrogenase?

Algo parecido nos ha pasado con el calco ciencia ficción: está ya consagrado por el uso, desde luego, y aceptado por la Real Academia Española desde 1984. Pero eso no quita para que esté mal formado. El primero que tradujo así science fiction a nuestra lengua pasó por alto —por increíble que pueda parecer— el diferente orden que en inglés adoptan adjetivos y sustantivos, así como el hecho de que en las expresiones compuestas sea siempre el adjetivo quien califica al sustantivo, y no al revés. Por ello, nadie diría «una familia enferma» si lo que quiere expresar es «una enfermedad familiar». Todo científico estará seguramente de acuerdo en que la *ciencia ficción* no es ninguna rama de la ciencia, sino de la literatura de ficción. La traducción correcta no debería haber sido, pues, *ciencia ficción*, sino ficción científica o fantasía científica (fantascienza, de hecho, la llaman en italiano). Quizás incluso mejor aún narrativa futurista o novela futurista, puesto que el inglés fiction no se aplica a cualquier obra literaria de ficción (la poesía de ficción, por ejemplo, no se considera fiction), sino exclusivamente a la novela, la novela corta y el cuento; esto es, lo que en español habíamos venido llamando en nuestra tradición ‘narrativa’ o ‘novelística’. Difícil veo el empeño, en cualquier caso.”

Fernando A. Navarro

Fuente: Laboratorio del lenguaje

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¿Es posible traducir poesía?

 

Compartimos aquí una maravillosa reflexión sobre el arte y la técnica de la traducción literaria, específicamente la traducción de poesía. Amantes de las lenguas, la poesía y la creatividad, disfruten la lectura.

Editorial mexicana || Mexican press

Por Isabel Zapata

Carreteras que rodean montañas

porque no podemos 

atravesarlas. 

Eso es la poesía 

para mí. 

Eileen Myles

Abrir esta nota con una pregunta así, seguida por un poema (¡en traducción!) que intenta definir lo que es poesía, puede pasar por una provocación.

Tal vez lo sea.

O tal vez todo poema que merezca ser llamado así es una provocación.

George Steiner define la dificultad de la poesía como el contraste entre un acto de comunicación que toca al oyente en lo más íntimo y a la vez se mantiene opaco y resistente a la inmediatez. Pero si la poesía es difícil, la poesía en traducción es imposible.

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Por involucrar una reinterpretación creativa del original, la traducción literaria es, en principio, una disciplina artística. Pero ese trabajo de interpretación, que es una forma de la imaginación, combina dos impulsos casi contrarios: el intento por mantener significados y la resignación…

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A la medida humana | Laboratorio del Lenguaje

Estamos demasiado acostumbrados a utilizar como forma de medir, y de expresar las medidas, el sistema métrico decimal y no nos damos cuenta de que éste, con su definición del metro como “la diezmillonésima parte del cuadrante del meridiano terrestre” o sus actualizaciones para hacerlo más tangible en forma de “barra de platino iridiado” o de longitud de onda de un cierto elemento químico o de espacio recorrido por la luz en el vacío en un determinado tiempo, son todas ellas como quien dice de ayer mismo. El hombre ha necesitado siempre representar los tamaños y ha buscado para hacerlo medidas más al alcance de la vista y, sobre todo, a escala humana, fácilmente comparables con los de alguna parte de su propio cuerpo aunque éstas difieran notablemente de unos individuos a otros. Así surgieron el pie, el paso, la milla o mil pasos, la braza que correspondía a la distancia de punta a punta entre los dedos medios con los brazos extendidos, la yarda inglesa equivalente a la distancia desde la punta de la nariz hasta la punta del dedo medio con el brazo extendido, el codo, la pulgada, el palmo o el jeme. Esta última unidad, el jeme, de nombre quizá desconocido para muchos de los hablantes, es, sin embargo, una de las más utilizadas en la práctica del día a día cuando queremos expresar tamaños reducidos: es la distancia que hay desde la extremidad del dedo pulgar a la del índice, separado el uno del otro todo lo posible; hagamos memoria y confirmaremos cuantas veces hacemos ese sencillo gesto con la mano.

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Otras medidas hubieron de ser inventadas para longitudes mayores aunque siempre referidas a las antropométricas: la vara, la legua…  También éstas variaban de un lugar a otro e incluso en el mismo sitio según la época considerada. En muchos pueblos españoles, en los espacios donde se instalaban los mercados y ferias, podemos todavía encontrar grabada en algún muro la medida oficial de la vara para ese reino o esa comarca. La legua, el camino que un hombre a pie o en cabalgadura podía recorrer en una hora, marca aún en nuestra geografía la distancia entre muchas poblaciones que son o fueron importantes; curiosamente esa distancia se aproxima mucho a las siete leguas, unos cuarenta kilómetros actuales, que en el célebre cuento infantil de Pulgarcito (original de Perrault) era lo que el maravilloso calzado permitía al ogro caminar de una sola zancada.

José Ignacio de Arana

Origen: A la medida humana | Laboratorio del Lenguaje

Depende del contexto

Realizar una traducción requiere de múltiples habilidades y procesos que se combinan para lograr el resultado de una actividad compleja. No alcanza con saber dos idiomas a la perfección, ni mucho menos. Entre las variables que se manejan al traducir, una de las más importantes es el contexto.

Dentro de cualquier sistema simbólico el contexto contiene más información que la palabra de que trate. Esto quiere decir que en cualquier sistema simbólico la función del contexto es maximizada y la función de los términos específicos es minimizada.

Vamos a ver un ejemplo:

La función de los contextos verbales es aún más evidente en los diferentes usos del verbo run en inglés, por ejemplo, the man ran fast, the crab ran up the beach, the snake ran across the lawn, his heart is running, the bus runs between Madrid and Barcelona, the line ran off the page, the play ran for three weeks, the car is running, he is running for mayor of town, her stocking is running, the well ran dry.

La manera tradicional de hablar de tales diferencias de sentido es: — asignar una serie de significaciones a una palabra como run y después remitirse a los contextos para indicar el significado correcto, o — escoger un sentido llamado básico o prototípico, a partir del cual los otros significados pueden ser analizados o derivados como diferentes tipos de «extensiones». Es fácil formular un sentido básico (o prototípico) de run como «un movimiento rápido en el espacio por medio de las piernas de tal manera que en momentos sucesivos ningún pie toca el suelo». Pero tal definición no resuelve los problemas de significación. Por lo general, los anglófonos reconocen que en la frase relativa a una víbora que «run» sobre el césped hay algo claramente relacionado con el concepto de run en relación con las personas, aunque la víbora no tiene piernas y su cuerpo está continuamente en contacto con el suelo. En cada contexto de run en los párrafos anteriores hay una variedad de conceptos relacionados con el movimiento en el espacio, las extensiones en el espacio y en el tiempo, un proceso electoral, cuando se escapa un punto de una media, y un cambio de estado. En todos los casos el sentido depende de una combinación de los elementos focales y de los contextos determinantes. La palabra run no posee todos estos sentidos, porque los sentidos son las combinaciones del verbo run con distintos contextos.

Para determinar los sentidos de símbolos verbales, el énfasis debe ponerse en la combinación del elemento focal y en el contexto, y no en las palabras aisladas. Por eso, la lexicografía debe moverse desde el nivel atómico de las palabras aisladas hasta el nivel molecular de símbolos verbales en combinaciones.

De esta manera se analizan los sentidos por medio de contextos. Para realizar una buena traducción es imprescindible entender el contexto y todo lo que ello implica, para otorgarle a cada palabra el sentido adecuado al caso. El conocimiento que un traductor tenga sobre el tema determinará entre otras cosas el éxito al saber interpretar el texto en su contexto.

Fuente: http://cvc.cervantes.es/lengua/hieronymus/pdf/04_05/04_05_055.pdf

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¿Cuáles son los idiomas aún hablados más antiguos del mundo?

LAKLAVE

No todos los días se exhibe el documento escrito más antiguo del mundo. Es lo que va a hacer ahora el museo de El Cairo, que pondrá a la vista de los visitantes al recinto los papiros que unos arqueólogos franceses y egipcios encontraron en 2013. Escritos en el 4500 antes de Cristo…

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La traducción literaria

 

librosvolando

 

 

He aquí un conmovedor artículo sobre Traducción Literaria, un arte difícil de explicar.

La página impresa

En su ensayo “¿Ars Poetica?”, Sergio Pitol refiere que traducir “permite entrar de lleno en una obra, conocer su osamenta, sus sostenes, sus zonas de silencio”. Con esto, el escritor veracruzano sugiere que la traducción conlleva un ejercicio de exploración, una profunda inmersión en el texto original que nos lleva a descubrir sus secretos. Traducir implica descomponer los elementos que conforman una obra literaria; observar sus mecanismos y estructuras; analizar su funcionamiento. A partir de estas acciones es posible poner en marcha ese proceso en el que se reelabora la obra a través de otro idioma. Este proceso invariablemente plantea problemas cuyas soluciones no siempre han de hallarse en las páginas de un diccionario, sino en aquellos rasgos que definen el talento del traductor: en su capacidad como lector, en su conocimiento de la lengua extranjera y de la propia, en su facultad creativa para dar expresión a las ideas…

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¿Newsletter o Boletín?

El término boletín es preferible al anglicismo newsletter para aludir en español a la ‘publicación destinada a tratar asuntos científicos, artísticos, históricos o literarios, generalmente publicada por alguna corporación’, de acuerdo con la definición dada por el Diccionario académico.

En los medios de comunicación es frecuente encontrar frases como «Suscríbete a nuestra newsletter», «La newsletter es un excelente medio para fidelizar a tus clientes» o «Rellena el formulario y recibe cada mes la newsletter».

En el diccionario Clave se remite al término boletín como traducción de newsletter. También existen, en función del contexto, otras alternativas más específicas como boletín informativo, boletín electrónico boletín digital.

Más información en la fuente: Fundéu BBVA – Fundación del español urgente

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Traducir latinismos en traducción jurídica

 

Al leer o traducir contratos, fallos, legislación y diferentes tipos de textos jurídicos, es habitual encontrar palabras y frases en latín. El léxico jurídico tiene elementos particulares, que además de los latinismos incluyen fórmulas fijas y locuciones propias del Derecho, y también un estilo propio, una manera característica de expresarse, redactar y actuar.

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“Algunos estudiosos consideran al lenguaje del Derecho, o lenguaje jurídico, un tipo especial de lenguaje técnico.  Hay general coincidencia en considerar al lenguaje jurídico como una forma especial de lenguaje —un lenguaje técnico—, que tiene su fundamento y principal soporte en el lenguaje común, del que se ha ido separando, por una parte, a medida que el Derecho ha ido acuñando sus propios términos, y, por otra, al mantener formas y estructuras arcaicas que el lenguaje común ha renovado.”, dice Gema Bizcarrondo.

 

Pero otros autores, como por ejemplo Sainz Moreno, que realizó uno de los estudios más completos sobre el lenguaje jurídico, prefiere hablar de uso jurídico del lenguaje y no de lenguaje jurídico, porque “en el fondo no existe un lenguaje jurídico, sino un uso jurídico del lenguaje ordinario”.

 

El lenguaje del derecho se ha alejado del lenguaje común; existen unas zonas muy técnicas, que se escapan a la comprensión del hablante no especializado e, incluso, hay un peculiar modo de decir, un estilo propio, que caracteriza el discurso jurídico. Esto se da tanto en español como en inglés; los especialistas, lingüistas y profesionales del derecho en cada idioma, tienen la capacidad de comprender, poner al servicio y transmitir los conceptos jurídicos expresados con terminología especializada a sus audiencias, clientes, lectores, y receptores en general.

Algunos de esos términos en latín, o latinismos, tienen traducción y podría utilizarse la forma en español o en inglés según corresponda, pero su poder evocador los mantiene vivos: ex oficio, ex novo, do ut des, erga omnes, etc.; en otros, su significado jurídico va más allá de la traducción literal y aluden a preceptos o usos consagrados por el Derecho, en ocasiones, con valor universal en el ámbito jurídico: non bis in idem, habeas corpus, iura novit curia, rebus sic stantibus.

Por estas razones y aún cuando el sentido de los latinismos es explicable en cualquier idioma que nos ocupe, al realizar traducciones jurídicas los latinismos no se traducen, se mantienen tal cual iure proprio.

 

Fuente: El lenguaje jurídico. Razón pragmática y razón filológica.