La lectura como símbolo de esperanza, una experiencia en Colombia

Fuente del artículo (en español, original): TLAXCALA
English translation available in: TLAXCALA

 

El hombre que llena bibliotecas con libros salvados de la basura

José Alberto Gutiérrez ha nutrido más de 450 lugares con libros recatados de los desechos.

 

“El día que llene a Colombia de libros, me sentiré como Ulises cuando rescató a Penélope y salvo a Ítaca de la guerra”, exclama con aires de estoicismo, José Alberto Gutiérrez, un hombre de 55 años que desde hace dos décadas se ha encargado de nutrir -con textos rescatados de la basura- más de 450 bibliotecas, escuelas y centros de lectura alrededor de Colombia.

La historia del ‘Señor de los Libros’, como es conocido por sus vecinos en el barrio La Nueva Gloria, un sector popular construido sobre las montañas surorientales de Bogotá, comenzó con los cuentos infantiles que le leía a diario su mamá para sopesar las penurias económicas que en aquel momento los afectaban.

“Esos cuentos me embellecieron el mundo”, afirma José, mientras levanta sus brazos para buscar, en una atestada columna de libros, una copia de La pobre Viejecita, un relato infantil escrito hace más de dos siglos por  Rafael Pombo.

A lo largo de dos décadas, los textos que ha recogido de la basura bogotana el ‘Señor de los Libros’, han servido para que más de 22 mil colombianos de diferentes zonas del país, principalmente rurales, comenzaran a imaginar su entorno de una forma diferente.

Adentrarse a su casa es sumergirse en un laberinto de miles de libros arrumados a lo largo de aproximadamente quince metros cuadrados. Una edición de Ana Karenina, de Leon Tostoy, publicada en 1967, irrumpe en nuestro paso: “Ese fue el primer libro que me encontré en la basura, hace ya 21 años”, advierte.

El ejemplar comparte espacio, en el mismo tumulto de libros, con clásicos de la literatura como Lo Que el Viento Se Llevó, de Margaret Mitchell, una edición en inglés de El principito, de Antoine de Saint-Exupéry, una copia de Siddhartha, de Hermann Hesse y una colección de obras de Miguel de Cervantes Saavedra.

Los libros comenzaron a llegar de forma intempestiva a finales del 1997. José había empezado su trabajo como conductor en la antigua empresa de Limpieza Metropolitana de Bogotá (Lime) y fue en esa ruta por el occidente de la ciudad, la que transitaba todas las noches, donde el brillo de los libros depositados en la basura nubló su vista.

Desde aquel momento, han sido más de cincuenta mil los ejemplares de ciencia, literatura, emprendimiento, medicina, entre otros, los que el ‘Señor de los Libros’ ha recuperado de los desechos y posteriormente repartido a un centenar de centros comunitarios y escuelas rurales alrededor del país. Territorios que, debido a las dificultades, no pensaron que su sueño de tener algún día una biblioteca, pudiera ser posible.

Jose Alberto Gutiérrez
José ha dedicado su vida a recuperar los libros que han sido desechados en la basura con el propósito de que estos sean reutilizados en centros de lectura
Foto: César Melgarejo

 

“A dónde voy siempre hay alguien necesitando un relato, un cuento… La lectura crea mundos maravillos”, afirma José mientras camina por un estrecho pasillo atestado de libros.

Posteriormente, selecciona un ejemplar de la Odisea, de Homero, y prosigue:
“Cuando a mis trece años leí por primera vez esta novela, sentí que yo también podía convertirme en un héroe. Este texto me ayudó a cambiar mi vida y a creer que podía seguir adelante a pesar de tantas dificultades”.

La Fuerza de las Palabras

 

La primera biblioteca en la casa de los Gutiérrez se levantó con rústicos estantes de madera, carteles educativos y un dibujo del Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, pegado sobre una de las paredes pintadas en tonos pastel.

En aquel momento, Luz Mary Gutiérrez, esposa de José, dejó las máquinas de coser de su taller de modistería para volverse bibliotecaria, y en compañía de su hijos, ayudar a coordinar el espacio que funcionó durante 16 años como centro de aprendizaje para cientos de niños del sur de Bogotá, una zona vulnerable de la ciudad.

“La mejor herencia que le podemos dejar a un niño siempre será la educación”, asegura José, y agrega que gracias a la fundación, todos los 70 compañeros de colegio de su hija, que asistían diariamente a La Fuerza de las Palabras, asistieron a la universidad.

El dato es sorpresivo si se entiende que según cifras del Ministerio de Educación Nacional, cada año, solo cuatro de cada diez jóvenes que culminan sus estudios secundarios en Colombia, logra acceder a la universidad. El porcentaje se reduce aún más en territorios afectados por diferentes problemáticas sociales como el barrio La Nueva Gloria.

José interrumpe la conversación para entregar a Dilan, un chico de diez años que arriba desde hace varias semanas a la casa en compañía de sus amigos buscando libros gratuitos, varias colecciones de cuentos infantiles.

“Leer es genial. A mi me fascina este lugar porque puedo encontrar libros sobre todos los temas. Siempre que tengo una tarea de la escuela procuro venir para buscar textos que leer. Me ayudan mucho”, confiesa Dilan con una sonrisa tímida en su rostro. A la semana siguiente espera volver por más ejemplares y con más amigos.

José Alberto Gutiérrez en su camioneta
A finales del 2017 la fundación mandó por avión cinco cajas repletas de libros a la comunidad indígena Huitotacueimaní, ubicada en el municipio La Chorrera, en Caquetá.
Foto: César Melgarejo

 

Desde el 2008, La Fuerza de las Palabras, como denominó la familia Gutiérrez a la fundación, se convirtió en el lugar de encuentro de al menos setenta niños y adolescentes que iban a diario en búsqueda de libros de literatura, ciencia o medicina para resolver sus tareas escolares.Voluntarios de diferentes ciudades de Colombia y países como Francia, Dinamarca, Corea e Inglaterra, también arribaron a la casa de José con el propósito de colaborar en la realización de talleres redacción, clubes de lectura crítica, entre otros.

Hace dos años, debido a que los libros se apoderaron de los pasillos y del espacio para mesas, sillas y estantes, los Gutiérrez decidieron cerrar su pequeña biblioteca para inundar con textos otros centros de lectura alrededor del país.

El método de operación de La Fuerza de las Palabras es el siguiente: primero, la fundación recibe una llamada de alguien, en cualquier lugar del país, que está en búsqueda de donar libros o de que se los regalen. Luego, si los textos van para una biblioteca o escuela, los Gutiérrez realizan la selección de los ejemplares infantiles, científicos o literarios que serán de mayor provecho para los destinatarios finales. Posteriormente, dependiendo de la distancia, la organización transporta los textos en su vehículo hasta el lugar de destino o busca de forma impetuosa la manera de patrocinar el envío. Así han llegado a más de 450 territorios en el país.

A finales del 2017, la fundación mandó por avión cinco cajas repletas de libros a la comunidad indígena Huitotacueimaní, ubicada en el municipio La Chorrera, una zona selvática y ribereña en el departamento del Caquetá, sur de Colombia. Días después, uno de los líderes de ese territorio le respondió con un video en el que asegura que todos los pueblos indígenas de esa región esperan al ‘Señor de los libros’ con los brazos abiertos y muchos más textos.

En diez años, sin ningún apoyo del Gobierno colombiano, La Fuerza de Palabras envió ocho toneladas de textos a una fundación en el puerto de Buenaventura, transportó casi la misma cantidad de ejemplares a los alejados territorios de Riosucio en el departamento del Chocó  y al municipio de La Macarena, en el Meta. También arribó con costales cargados de relatos a varios sectores rurales de los departamentos del Huila, Cundinamarca y Boyacá.Gracias a su trabajo, José ha sido invitado a participar dos veces en la Feria del Libro de Guadalajara, en México, y en mayo pasado asistió a un congreso de bibliotecarios en Austria.

señor de los libros
El ‘Señor de los libros’ también hizo llegar hasta la zona de tránsito a la vida civil de un grupo de excombatientes de las Farc, decenas de ejemplares de nobeles de literatura.
Foto: César Melgarejo

La lectura como símbolo de esperanza

 

“La lectura es el símbolo de la paz y de la esperanza en nuestro país. Si a mí un libro me cambió la vida, imagínese el impacto de un texto en uno de esos lugares que ha sido víctima del conflicto armado y del olvido del Estado”, señala José.

El año pasado, un grupo de excombatientes de las Farc, recibieron de parte del Señor de los Libros, en su zona de tránsito a la vida civil ubicada en la población de Icononzo, en el oriente del departamento Tolima, decenas de ejemplares de nobeles de literatura como el colombiano Gabriel García Márquez, o el peruano Mario Vargas Llosa.

De acuerdo con José, la respuesta del grupo no pudo ser más positiva por su llegada: “Me dijeron que labores como esta son con las que verdaderamente se construye la paz de Colombia”, afirma.

Como esa, ya han sido varias las zonas de tránsito a la vida civil en el país las que le han solicitado a La Fuerza de las Palabras que vaya a sus regiones a inundar los espacios con libros. Sin embargo, la falta de apoyo y los problemas logísticos para llegar a estos territorios, lo han impedido.

El sueño de una biblioteca museo

Después de dos décadas de trabajo, en febrero pasado, José fue despedido de la empresa Aguas de Bogotá, a la que dedicó la mitad de su vida y gracias a la cual se convirtió en el surtidor de libros de Colombia. Sin embargo, asegura, el universo ha seguido conspirando a favor del proyecto.

A mediados del año pasado, una empresa colombiana le donó un lote a unas pocas cuadras de su casa, con el fin de que allí se construya la biblioteca museo con la que desde hace tanto tiempo han soñado los Gutiérrez.

Desde aquel momento, profesionales de la Universidad Piloto de Bogotá le han ayudado al ‘Señor de los libros’ en la elaboración de los diseños de la edificación, la cual contaría en su sótano con un taller de reciclaje, en el primer piso con un banco de libros, y en el segundo nivel, con un museo biblioteca.

“La Fuerza de las Palabras se convirtió en mi proyecto de vida y el de mi familia. Años son los que nos faltan”, afirma José, mientras otra tímida sonrisa se escapa de su rostro.

Según los cálculos de la fundación, para la construcción de la biblioteca museo serán necesarios 295 mil dólares (800 millones de pesos), dineros que la familia no posee y que espera conseguir pronto.

José ALberto Gutierrez
En su camioneta, ‘El Señor de los Libros’ ha transportado toneladas de textos a diferentes partes del país.
Foto: Césa

Ideas como esta ayudan combatir los bajos niveles de lectura en el país, en comparación con otros países de latinoamérica. De acuerdo con el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), en el último año, los colombianos de cinco años o más (lectores y no lectores) tan solo leyeron 2,9 libros en promedio. En países como Chile o Argentina, el conglomerado es superior a cinco textos por año.

“El mundo necesita de más acciones como esta, porque en un territorio donde no hay acceso a muchas cosas, un libro se convierte en el símbolo de la esperanza”, dice José Alberto, mientras caminamos hacia la puerta y me invita a llevarme algunos de los miles de libros que reposan en su casa. Luego agrega:

-Oiga, si los humanos nos tratáramos como en muchos de los libros que me he leído, a este planeta solo lo regiría el amor.

*Si desea apoyar a Jose Alberto, puede llamarlo al número telefónico: 313 286 73 52, o  escribirle al correo: fundador@lafuerzadelaspalabras.com

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¿Se entiende bien el Quijote? | Verne EL PAÍS

En ocasión del aniversario del libro Don Quijote de la Mancha, en la revista Verne de España han publicado una nota interactiva con modernos recursos, acerca de la la incidencia y utilización del vocabulario en el libro.

Ya sabemos que Don Quijote hablaba y actuaba de una forma bastante delirante y divertida, pero no solo considerado desde el punto de vista acutal, si no también ante los ojos de sus compañeros personajes en el libro, e incluso también para los lectores de la época.

He aquí el link a la nota correspondiente, con interesantes citas y recursos para recrear el maravilloso libro:

Origen: Vídeo: Día del libro 2018: ¿Se entiende bien el Quijote? | Verne EL PAÍS

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El capricho de la Ciencia Ficción y su word order

“Una de las grandes sorpresas que se lleva el principiante en sus primeras clases de inglés es comprobar cómo los anglohablantes ordenan las palabras de forma inversa a como lo hacemos en español. Llaman, por ejemplo, tap water al agua del grifo, y water tap al grifo del agua; exactamente al revés de como hacemos nosotros. El orden inglés invertido entró en español inicialmente, hará cosa de un siglo, en el nombre de entidades ligadas a deportes venidos de Inglaterra; tal es el caso del Fútbol Club Barcelona (cuando en español lo lógico hubiera sido «Club de Fútbol» en lugar de *Fútbol Club*), el Real Madrid Club de Fútbol (cuando en español lo lógico hubiera sido «Real Club de Fútbol de Madrid») y el Real Automóvil Club de España (cuando en español lo lógico hubiera sido «Real Club Automovilístico de España»). En la actualidad, no obstante, lo vemos ya en todos los ámbitos: Halcón Viajes, NH Hoteles, Tusquets Editores, Costa Cruceros, Aspirina comprimidos, etcétera.

La moda del orden sintáctico angloide ha llegado al punto de que en algunos casos es ya imposible intentar siquiera volver al orden lógico en español. En el campo de la terminología bioquímica, por ejemplo, ¿se atrevería alguien a seguir en español el orden sintáctico natural para los nombres de enzimas? Esto es, ¿osaría alguien llamar en nuestro idioma «deshidrogenasa del 6-fosfato de glucosa» a lo que todos los científicos de habla hispana llaman «glucosa-6-fosfato-deshidrogenasa», calcando el orden sintáctico del inglés glucose-6-phosphate dehydrogenase?

Algo parecido nos ha pasado con el calco ciencia ficción: está ya consagrado por el uso, desde luego, y aceptado por la Real Academia Española desde 1984. Pero eso no quita para que esté mal formado. El primero que tradujo así science fiction a nuestra lengua pasó por alto —por increíble que pueda parecer— el diferente orden que en inglés adoptan adjetivos y sustantivos, así como el hecho de que en las expresiones compuestas sea siempre el adjetivo quien califica al sustantivo, y no al revés. Por ello, nadie diría «una familia enferma» si lo que quiere expresar es «una enfermedad familiar». Todo científico estará seguramente de acuerdo en que la *ciencia ficción* no es ninguna rama de la ciencia, sino de la literatura de ficción. La traducción correcta no debería haber sido, pues, *ciencia ficción*, sino ficción científica o fantasía científica (fantascienza, de hecho, la llaman en italiano). Quizás incluso mejor aún narrativa futurista o novela futurista, puesto que el inglés fiction no se aplica a cualquier obra literaria de ficción (la poesía de ficción, por ejemplo, no se considera fiction), sino exclusivamente a la novela, la novela corta y el cuento; esto es, lo que en español habíamos venido llamando en nuestra tradición ‘narrativa’ o ‘novelística’. Difícil veo el empeño, en cualquier caso.”

Fernando A. Navarro

Fuente: Laboratorio del lenguaje

El lingüista que llevó a cabo la titánica tarea de traducir Moby Dick a un idioma sin términos marinos

El macedonio Ognen Čemerski ha fallecido el pasado 25 de agosto a los 42 años. Se dedicó a la traducción, en los últimos tiempos impartía un máster en lingüística para la Graceland University de Iowa, y se le conocía también en sus círculos por ser un reconocido luchador de causas políticas y sociales. Pese a la indiferencia que suele causar (injustamente) su profesión, Čemerski era alguien especialmente querido en su tierra y consiguió serlo justamente por haber destacado en su campo: fue el hombre que le dio a su gente la traducción más fiel hasta hoy de la historia de Melville, y esa misión le llevó hasta 12 años de su vida.

Así lo cuentan desde la organización Global Voices, donde le han dedicado un cariñoso artículo a modo de obituario conmemorativo. Como aquí se cuenta, el libro de 1851 ya se había sido traducido al macedonio años antes, a partir de una versión serbo-croata (en realidad el macedonio se parece más al búlgaro que a este idioma), pero esta versión de uno de los clásicos más importantes de la literatura no había cuajado entre los lectores del país.

Cómo traducir una novela marítima a una cultura semántica terrestre

Moby Dick In Macedonian Translated By Ognen Cemerski 800x598

El macedonio, como hemos conocido a raíz de esta historia, carece de terminología marítima, y cualquiera que haya ojeado al menos un par de páginas de Moby Dick sabe que la novela es una continua exposición de términos de navegación y una defensa del modo de vida de los balleneros: yubartas, cabrestantes, tafetanes, gibas…

Por otra parte, la mayoría de la población macedonia ha vivido en los últimos tiempos en regiones sin litoral, sabiendo muy poco sobre el mar. ¿Cómo demonios podría alguien comprender la fiereza en** la lucha por el gran cachalote blanco** si proviene de una cultura que no tiene conceptos para definir lo que es un arpón?

Seguir leyendo en la publicación original: El lingüista que llevó a cabo la titánica tarea de traducir Moby Dick a un idioma sin términos marinos

¿Es posible traducir poesía?

 

Compartimos aquí una maravillosa reflexión sobre el arte y la técnica de la traducción literaria, específicamente la traducción de poesía. Amantes de las lenguas, la poesía y la creatividad, disfruten la lectura.

editorial mexicana || mexican press

Por Isabel Zapata

Carreteras que rodean montañas

porque no podemos 

atravesarlas. 

Eso es la poesía 

para mí. 

Eileen Myles

Abrir esta nota con una pregunta así, seguida por un poema (¡en traducción!) que intenta definir lo que es poesía, puede pasar por una provocación.

Tal vez lo sea.

O tal vez todo poema que merezca ser llamado así es una provocación.

George Steiner define la dificultad de la poesía como el contraste entre un acto de comunicación que toca al oyente en lo más íntimo y a la vez se mantiene opaco y resistente a la inmediatez. Pero si la poesía es difícil, la poesía en traducción es imposible.

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Por involucrar una reinterpretación creativa del original, la traducción literaria es, en principio, una disciplina artística. Pero ese trabajo de interpretación, que es una forma de la imaginación, combina dos impulsos casi contrarios: el intento por mantener significados y la resignación…

Ver la entrada original 370 palabras más

Decir casi lo mismo es tan complicado

5c26a21a81eb89573e24d14b9b9450ef-lost-in-translation-frances-oconnorLa expresión anglófona lost in translation indica los matices del significado necesariamente perdidos en el paso de una lengua a otra.

 

Una traductora, escritora e ilustradora llamada Ella Frances Sanders tuvo la simple idea de catalogar algunas –las más enigmáticas, las más misteriosas y las más impredecibles– de aquellas expresiones, sin importar de qué lengua proceden y con la única condición de que sean lo suficientemente extrañas. El libro se llama así, Lost in Translation, originalmente fue publicado en 2014 pero recién acaba aparecer en la Argentina bajo el sello El Zorro Rojo. El libro afronta a su modo, que siempre es un poco improbable, cincuenta palabras intraducibles. La explicación de cada término se corresponde con la ilustración, y entre las dos se consigue comunicar lo intraducible. Esta simple tarea abre un importante interrogante acerca de los límites del lenguaje y el poder de las imágenes a la hora de superarlos. Ciertas palabras –no importa si son adjetivos, sustantivos o verbos–, al no tener un término correspondiente unívoco en otra lengua, hacen que la traducción se convierta en algo equivalente a trepar una montaña embarrada. Y la razón es, en la mayoría de los casos, que lo que la palabra designa no tiene equivalente.

 

Por ejemplo, ¿cómo explicar el significado del sustantivo sueco tretar y evitar la fosilización de la conversación sin llevar al interlocutor a la exasperación? Y sin embargo Sanders lo explica con simpatía, brevedad y resignación: es la tercera taza de café.
A un concepto puede incluso adjudicarse un juicio de valor distinto; al parecer, para los holandeses, comportarse como un avestruz, que entierra la cabeza en la arena (mito urbano de improbable comprobación, pero bueno, entendemos de qué estamos hablando) es una actitud reprobable (a mí, en cambio, me parece una reacción admirable y digna de imitar) y por lo tanto merece un nombre que la defina: struisvogelpolitiek, “política del avestruz”.
61jevz9ofol-_sx258_bo1204203200_Muchas veces durante el proceso de traducción se pierde el sentido. Los japoneses, a diferencia de los occidentales, tienen en tan alta estima el hecho de tener la mente en blanco que le dieron un nombre a eso: boketto. Decir “tocino de la pena” no tiene el menor sentido, hasta que se nos explica que la palabra alemana kummerspeck alude a esas emociones que nos tragamos en grandes cantidades, como explica Sanders: “Desafortunadamente, estamos diseñados para encontrar consuelo en lo comestible y funciona, al menos hasta que un mes después pasamos por delante de una superficie reflectante”. La superficie reflectante es el espejo.
Las palabras son un conjunto de símbolos, símbolos convencionales cuyo significado real los atraviesa. Traducir no es una operación automática y banal, cada término trae consigo un patrimonio cultural repleto de las experiencias y de la historia de un pueblo. Se traducen sonidos, pero sobre todo se traducen conceptos. Casi todos, cuando esperamos a alguien que no llega, abandonamos la comodidad y el calor de nuestros sillones y salimos a la calle. Como hace frío –siempre hace frío cuando se espera–, volvemos a entrar, para que el ciclo vuelva a repetirse y volvamos a salir a la calle. ¿El tiempo pasará más rápido cuando nos movemos?, se pregunta Sanders. Probablemente así sea, pero lo que es indudable es que no hay espera que parezca más trágica que la de alguien saliendo de su iglú para echar una ojeada a la planicie blanca y fría, como hacen los esquimales cuando están ansiosos. En inuit se dice iktsuarpok. Recuérdenla, van a tener que usarla muy pronto.
Fuente: Perfil.com

Traducciones de grandes libros: El idiota

(scroll down for English version)

“El idiota”, de Fiodor Dostoievsky, es una hermosa novela sobre un hombre esencialmente bueno, de nobles valores e inocentes intenciones que, puesto en un determinado contexto, da lugar a todo tipo de situaciones incongruentes dado lo inesperado de su naturaleza. El libro apareció en 1869 en Rusia y luego fue traducido a muchos idiomas. Aquí presentamos las portadas de las traducciones al español y al inglés.

“The idiot”, by Fyodor Dostoevsky, is a beautiful book about an essentially good natured man, with noble moral values and innocent intentions who, given a certain context, leads to all sort of incongruent situations due to his unexpected nature. The book was first published in Russia in 1869 and afterwards translated into several languages. Here are the covers of the translations into Spanish and English.

Tapas El Idiota ES y EN

 

Escritor fantasma y ética

No es fácil que un escritor fantasma dé la cara. Al fin y al cabo su trabajo no se les reconoce oficialmente y viven de la discreción.

da9a8cddd3279727df22914d9bc8b003_xlEl término de «escritor fantasma» proviene del inglés gosthwriter y se utiliza para designar a aquellos escritores que trabajan en la sombra, por encargo para otras personas y que no firman sus textos ni se les reconoce como sus legítimos autores. Será el cliente, en cualquier caso, el que gestionará los derechos de autor y el que decida a nombre de quién irá el trabajo. El término de «negro», que a pesar de ser menos políticamente correcto es el usado en español para referirse a este fenómeno, proviene del francés. Según señalan los críticos Michel Lafon y Benoît Peeters en Escribir en colaboración fue usado en 1845 por Eugène de Mirecourt para desprestigiar a Alejandro Dumas padre.

Un ghostwriter o escritor fantasma es alguien que escribe un libro que saldrá publicado con el nombre de otra persona. No usa seudónimos, no aparece en el copyright, no firma ejemplares. El género más frecuente en el que se desenvuelven es el autobiográfico, en especial cuando se trata de personas públicas del mundo del deporte, la política, la música, la farándula.

Pero los ghostwriters también escriben discursos políticos, tesis universitarias, libros de historia, moda, medicina, gastronomía, jardinería, incluso ficción. Aunque carezca del oficio, cualquier persona de cualquier área puede publicar: sólo necesita contar con los recursos materiales como para contratar a quien esté dispuesto a hacerlo por él.

Si bien la prestación de estos servicios de escritura puede adoptar distintas formas legales, desde una perspectiva ética lo más simple y adecuado parece ser incluir en los derechos los nombres de las dos (o más) personas que colaboran en la obra: quien escribe y quien inspira.

Fuente: http://www.lavoz.com.ar/numero-cero/sacale-la-firma-historias-de-escritores-fantasmas-y-autores-ocultos

Fuente: http://lapiedradesisifo.com/2013/08/13/escritores-fantasmas-y-negros-literarios/

 

 

El Renacimiento y la traducción

La Antigüedad había sido la infancia de la Traducción: las primeras traducciones del griego al latín (Cicerón, Livio, Terencio, etc.) fueron los primeros pasos, los primeros balbuceos de una actividad que había tenido en las altas culturas una gestación larga y dificultosa que, como en el caso de los seres vivos, teniendo historia, no cuenta prácticamente en el currículo vital de los individuos. El Medievo había sido la adolescencia, plena de proyectos vitales que dieron la base para el ulterior desarrollo cultural del mundo eurocéntrico: Bagdad y Toledo fueron intentos de sentar una personalidad comunicativa entre las diversas épocas y naciones de la sociedad humana.

300px-old_library_in_university_of_salamanca_01Pues bien, en el Renacimiento inciden sobre la traducción una serie de hechos sociales, políticos y civilizatorios que la convierten en un factor cultural de gran relevancia en la vida pública. En efecto, a partir del humanismo, la traducción empieza a contar en la vida pública de las naciones hasta convertirse en una cuestión de estado, política. En cuanto tal y en la medida en que no se adapta a las exigencias del poder, se convierte en una actividad peligrosa.

La pérdida de contacto con las lenguas de la Antigüedad obliga al hombre cultivado a leer los clásicos en su lengua vernácula. A ello ayuda el arte de la impresión del libro que, interpretado como hecho económico, es decir, editorial, será factor determinante en la dinamización cultural y social de la traducción. Esta industria incipiente no puede surtirse o sobrevivir de la producción de textos en lengua vernácula y por eso acude a la traducción. Gracias a esto, el humanismo es, sobre todo, un acto de traducción. La traducción en los siglos XV y XVI forma parte nuclear de la historia de la literatura. Tanto las traducciones del griego al latín y de éste y del griego a las lenguas vernáculas (Láscaris, Seyssel, Amyot), como los primeros intercambios literarios entre estas últimas, constituyen el primer empuje hacia una concepción moderna y universal (en tiempo y espacio) de la cultura. La actividad de un Láscaris en Italia, de Cartagena en España, de Amyot en Francia, de Nicolás de Wyle (con sus peculiares Translationes/Translatze o Tütschungen) en Alemania o la traducción de la Biblia en Inglaterra son hechos definitivos en el comportamiento cultural de estos países, al imponer nuevas corrientes estéticas y promover el abandono de la visión teocéntrica o someter ésta al libre examen. Si el Renacimiento fue la resurrección de la Antigüedad, fue la traducción la que le insufló nueva vida a sus despojos.

 

Fuente: Miguel Angel Vega Cernuda, fragmento en APUNTES SOCIOCULTURALES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN: DEL RENACIMIENTO A NUESTROS DÍAS

Women in Translation Month! (Literatura y Traducción)

2016 es el tercer año consecutivo que el mundo de los lectores e internet celebran el WITMonth (Women in Translation Month). Si bien a primera vista parece que se trata de las mujeres que traducen, en realidad se trata de las mujeres que escriben, o sea las escritoras, cuyas obras se traducen a otros idiomas, o no se llegan a traducir. La bloguera Meytal Radzinski que dio inicio a este evento anual  en 2014 llamó la atención sobre elocuentes estadísticas que muestran que de las obras literarias que se traducen al inglés, las obras escritas por mujeres escritoras son una vergonzosa minoría. Esas estadísticas se focalizan en las obras traducidas al idioma inglés. Apenas un 30% de las traducciones al inglés, son de autoras mujeres.

Es decir que en los países angloparlantes los lectores casi no tienen acceso a la literatura extranjera escrita por mujeres.

El objetivo del Women in Translation Month es alentar a los lectores, críticos, editores, traductores y al público en general a interesarse y participar en la discusión acerca de la traducción de escritoras mujeres al idioma inglés.

En internet se utiliza la etiqueta #WITMonth para agrupar y vincular todos los artículos sobre el tema. En la vida diaria, podemos participar buscando traducciones de escritoras, o hablando a nuestros amigos angloparlantes acerca de las escritoras que nos gustaría que lean para tentarlos a buscarlas traducidas al inglés.

En Argentina tenemos grandes escritoras que ya han sido traducidas al inglés, y muchas otras que todavía no han sido traducidas. Como ilustración y cierre de esta entrada encontramos para compartir una bella traducción de un poema de la maravillosa y sensible Alfonsina Storni (fragmento):

 

 

You Who Want Me White

You want me dawn,
You want me sea foam,
You want me mother of pearl
To be a lily
Above all, chaste.
Of faint perfume.
An unopened blossom.

Not even a moonbeam
To caress me.
Nor a daisy
that may call herself my sister.
You want me snow,
You want me white,
You want me dawn.

You who had all
The drinks at hand,
With lips stained
From fruits and honey.
You who were in the feast,
Who were covered with leaves,
Who destroyed the flesh
To celebrate Bacchus.
You who in the black
Gardens of deception
Dressed in red
Ran to ruin.

blancaflor

Musicalizamos la entrada escuchando: Alfonsina y el mar