El lado oneroso de los errores de traducción

 

 

El humor suele estar presente cuando hablamos de errores de traducción, desde absurdos carteles que confunden en vez de informar, hasta bizarros menús de restaurantes que nos hacen pensar dos veces antes de probar una comida. Después del humor, lo que sigue en relación al tema es la vergüenza, el desprestigio que sufre la empresa que se presenta ante el mundo con un texto incoherente y pobre. Pero hay otro costado menos gracioso y mucho más serio de los errores de traducción, y es cuando ponen en jaque la responsabilidad, la solidez y el patrimonio de una empresa.

Los errores de traducción no solo causan problemas por las inexactitudes fácticas que un texto pueda contener, o las elecciones de estilo poco felices que denotan de inmediato que un texto es una mala traducción. La sola presencia de errores puede dar lugar a reclamos, litigios y una variedad de zonas grises que pueden resultar en importantes costos económicos y legales para una empresa, como por ejemplo honorarios de abogados, honorarios de traductores adicionales, rectificaciones públicas, descargos, reediciones de documentación corporativa, problemas financieros, etc.

Uno de los casos económicamente más costosos fue el que sufrió el banco estadounidense Continental Illinois. Este banco era en 1981, con 70 años de historia, la mayor entidad financiera de los EE.UU., proporcionando líneas de crédito para los pujantes sectores industriales y comerciales. Se decía que era uno de los pocos “too big to fall” [“demasiado grande para caer”]. A pesar de su grandeza, comenzó a atravesar dificultades en 1982 a partir de ciertos movimientos demasiado arriesgados y se inauguró un período de sucesivas asociaciones y salvatajes para mantener a flote el Continental Illinois y la gran cantidad de negocios que dependían de él.  En ese contexto, el banco naturalmente se volvió sensible a todo tipo de conjeturas e ideas que pudieran llegar a influir en el imaginario de los mercados. En 1994 el Commodity News Service emitió un informe en el que barajaba la posibilidad de que un banco japonés pudiera absorber al Continental Illinois, a partir de rumores que habían circulado al respecto. El traductor japonés tradujo “rumours” [“rumores”] como “disclosure” [“divulgación”], y esta información se dispersó exponencialmente, provocando una fuga masiva de los depósitos.

Originalmente el informe hablaba de una “posibilidad” de absorción, pero la traducción modificó totalmente el asunto, convirtiéndolo en una “certeza”. Por lo tanto el mercado interpretó que el Continental Illinois estaba a punto de quebrar, y los depositantes se apuraron a retirar sus valores antes de que fuera demasiado tarde, desfinanciando a la institución y dejándola realmente al borde de la quiebra. Aunque el Office of the Comptroller of the Currency emitió un informe desmintiendo el rumor, ya era demasiado tarde. La FED tuvo que inyectarle más de 8 mil millones de dólares para intentar restaurar la confianza de los inversores en el Continental Illinois, y aún así nunca pudo sobreponerse a este golpe. De esta forma el error de traducción se convirtió en una suerte de profesía autocumplida. El banco terminó siendo adquirido por Bank of America ese mismo año, y los gastos del Gobierno de los EE.UU. en un intento por salvar al banco fueron tan exorbitantes como inútiles.

Este caso está explicado en detalle en el libro Understanding International Bank Risk de Andrew Fight, y en Caveat Translator: Understanding the Legal Consequences of Errors in Professional Translation, ambos en inglés.

 

quiebra

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Cinco errores de pronunciación que costaron miles de vidas

Origen: ELMUNDO

trabalenguasparaninos-trabalenguas-dificiles-2Shibboleth es la palabra que usaron los antiguos hebreos para diferenciarse de los enemigos que se infiltraron entre sus filas. Aquellos soldados que no eran capaces de pronunciar esta palabra, que significa espiga, fueron brutalmente masacrados. Desde entonces, este término, Shibboleth, da nombre al concepto: una palabra que los oriundos de un lugar son capaces de pronunciar sin problemas pero que a los extranjeros les resulta prácticamente imposible de hacer.

En la antigüedad, no ser capaz de pronunciar un Shibboleth podía suponer tu propia muerte. Esto ha sucedido en varias ocasiones, desde la antigüedad clásica hasta la Segunda Guerra Mundial.

Una de las matanzas más destacadas por no saber pronunciar una palabra fue durante el asedio de la ciudad de Brujas por parte de las tropas flamencas en el siglo XIV. Los asaltantes obligaron a los habitantes de la ciudad a decir la expresión ‘schilt ende vriend‘ -escudo y amigo, en flamenco-, que resultaba casi imposible de pronunciar correctamente a los fracófonos. De esta forma, los flamencos diferenciaron a los suyos de los galos y, una vez identificados,todos los franceses de la ciudad fueron masacrados.

Durante la batalla del Pacífico de la Segunda Guerra Mundial, los norteamericanos utilizaron la palabra lollapalooza como Shibboleth para identificar a los espías japoneses. En este teatro de operaciones era común que el imperio del Sol Naciente enviase agentes a las zonas bajo control aliado haciéndose pasar por tropas norteamericanas o filipinas. La elección de esta palabra vino motivada porque los japoneses carecen de un fonema para la letra ele en su lengua materna y tienden a adaptarlo con un sonido similar a la letra erre. Cuando un sospechoso se aproximaba al puesto de un centinela, éste debía decir lollapalooza. Si el guripa norteamericano escuchaba algún tipo de sonido erre en este Shibboleth, tenía orden dedisparar a matar de inmediato.

En 1937, durante la guerra entre Haití y la República Dominicana los soldados dominicanos emplearon la palabra ‘perejil’ como Shibboleth. Buscaban distinguir a la población negra dominicana de la haitiana. Mientras que los dominicanos reproducían el sonido de la ‘j’ sin ningún problema, los haitianos -cuya lengua materna es el francés- eran incapaces de pronunciar este fonema. El uso de este método fue ordenado por el dictador Rafael Trujillo y supos el asesinato sistematizado de al menos 1.000 haitianos en un episodio conocido como la Masacre del Perjil.

Algo similar sucedió durante la guerra de la independencia de Colombia respecto a España. Los rebeldes colombianos buscaban distinguir a los criollos de aquellos venidos de la metrópoli. Para ello, obligaron a la gente a decir en voz alta el nombre Francisco cuando existía algún tipo de duda. Aquellos que no lo pronunciaban como un colombiano -con la primera ce que sonara como una ese- eran arrojados al río de la Magdalena.

Hoy en día, las consecuencias de no ser capaz de pronunciar una de estas palabras no es tan dramática. Ya no es un cuestión de vida o muerte. Sin embargo, los profesores de idiomas siguen recurriendo a los Shibboleth para amenizar sus clases a costa de la pronunciación de los alumnos en una lengua extranjera.

En castellano, por ejemplo, existen cientos de términos que losnorteamericanos tienen dificultades para pronunciar. Prácticamentecualquier palabra que empiece con la letra erre, en la que haya una doble erre, que tenga una hache o que sea más larga de tres sílabas supone un verdadero Shibolleth para los estadounidenses.

Sin embargo, si hubiese que escoger un término en castellano que resulte totalmente imposible de decir para los yankees, este sería ‘negar’. La letra e, que en inglés se pronuncia con un sonido similar al de nuestra i es la culpable. La similitud fonética entre esta palabra castellana y el vulgarismo inglés nigger -expresión despectiva para hacer referencia a los afroamericanos- provoca que muchos estadounidenses ni siquiera se atrevan a pronunciarla.

 

Traducir una página web de inglés a español

Las personas se conectan a través de internet, las fronteras se amplían, los límites se extienden, surgen nuevas necesidades de comunicación y es entonces cuando la traducción resulta no solo necesaria, si no que se transforma en una verdadera aliada. Ya sea que tenga un mensaje que transmitir, una noticia que dar, un producto que vender o una necesidad que cubrir, es casi seguro que en algún momento intentará transmitirlo a través de alguna página web, redes sociales o blog. En inglés, español, o el idioma que sea, las páginas web se propagan y cada vez nos acercan más soluciones.

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